El bautismo de los niños

18 04 2010

María Isabel Montiel*

Ante la próxima celebración del bautizo de mi nieta, he estado reflexionando sobre el bautismo en general, y sobre el de los bebés, en particular. El bautismo es el sacramento de la identidad cristiana, el primero de todos ellos. Por él somos incorporados a la familia de Dios, en comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. Por tanto, las palabras: “yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”, no son mera fórmula, son una realidad. El bautismo es memorial y actualización del misterio pascual. Hace pasar de la “muerte” a la “vida” y expresa el gozo de la resurrección.

Juan, el precursor del Mesías, bautizaba a las gentes, pero hay diferencias entre el bautismo cristiano y el que practicaba Juan. Éste era un acto de penitencia, de “lavar” las culpas de los pecados, un gesto humano de ir a Dios con las propias fuerzas. Sin embargo, en el bautismo cristiano, no actuamos solos, con el deseo de limpiarnos y de ser perdonados, sino que actúa el mismo Dios a través del Espíritu Santo. Él está presente, y no de una manera mágica, y hace hijos suyos a los bautizados, que renacen como hijos de Dios y se incorporan a la familia de la Iglesia, siendo partícipes de su misión.

Y aquí surgen ciertas preguntas que algunos se plantean sobre el bautismo de los niños:

– ¿Puede alguien ser incorporado a la Iglesia sin su consentimiento?

– ¿Cómo pueden recibir el “sacramento de la fe” quienes todavía no son capaces de creer?

– ¿Se puede optar por Cristo sin saberlo?

Una respuesta muy válida será que la Iglesia “presta” a los niños su fe hasta que puedan hacerla propia, y que el bautismo es dado a los recién nacidos porque es una gracia y un don de Dios que no supone méritos humanos. A favor está también que un niño puede asimilar la fe, lo mismo que asimila el cariño de sus padres, su experiencia de vida, su lenguaje…

Parece que desde el siglo II la Iglesia administraba el bautismo a los niños, y que en el siglo IV se generalizó esa costumbre. La escena evangélica en que Jesús abraza y bendice a los niños (Mt 9, 13-15), jugó un gran papel en esta práctica, ya que su sentido es expresar el amor de Dios a los más pequeños.

Y salvadas algunas de esas dudas razonables, conviene hacer ciertas consideraciones:

Es frecuente que muchas familias quieran bautizar a sus hijos porque es una costumbre y un acto social muy bien visto, y no precisamente por el deseo de que entren a formar parte de la Iglesia, o convencidos de que el sacramento que van a recibir es un gran regalo de Dios para ellos. En esos casos, la Iglesia debe ser un poco exigente y no bautizar masivamente a todos los niños cuyos padres lo solicitan, sino sólo a aquellos en que se sepa que los progenitores son personas de fe consecuente, o que los padrinos o algún miembro de la familia van a ayudar al niño en el camino de la fe. El ideal sería que las Conferencias Episcopales diesen unas orientaciones claras sobre el tema.

La fe de los padres debe ser la que les lleve a prepararse bien para descubrir y aceptar el papel relativo al bautismo de sus hijos. Ellos serán los primeros educadores en la fe, sobre todo con su ejemplo de vida cristiana coherente, y los que velen para que vayan aprendiendo a conocer y a amar a Dios. La catequesis posterior, de la que también se deben preocupar y responsabilizar los padres, y en la que las parroquias tienen un papel importante, les hará crecer en esa fe por el conocimiento de la Palabra de Dios, e irá disponiendo su corazón de niños, para acoger el don del Espíritu y seguir sus llamadas. Todo esto irá formando al pequeño que, en el futuro, tendrá que vivir su propia conversión personal, ya que el cristiano no nace, sino que se hace.

El gran regalo del bautismo requiere respuesta, y la disponibilidad de nuestra libertad para darle un “sí” a Dios, que nos llama a colaborar con Él. El bautismo es el sacramento fundamental que configura toda la vida cristiana, pero no siempre le damos la  importancia que tiene, quizás porque la mayoría de las personas lo hemos recibido en la infancia y no éramos conscientes de lo que significaba. (Y este argumento daría la razón a los que defienden, que sólo se debería bautizar a adultos convertidos y convencidos).

Todos los bautizados, no sólo los niños, debemos ir creciendo en la fe, revisar y actualizar nuestro compromiso y oración y ser fieles al Evangelio. La Iglesia celebra cada año en la Vigilia Pascual la renovación de las promesas del bautismo, que es fuente de vida nueva en Cristo, de la que brota toda la vida cristiana.

Como decía una persona en cierta ocasión, “el carné de socio de este club tan especial, hay que renovarlo con frecuencia y no vale con sellarlo el primer día”. Ojalá seamos capaces de “actualizarlo” y asumir que en el bautismo se nos infundió la fuerza para anunciar el mensaje de Jesús. No dejemos que ese carné caduque o se convierta en uno más de nuestra colección.

* María Isabel Montiel es Salesiana Cooperadora y profesora de Educación Primaria. Lee otros artículos suyos en FAST

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5 responses

20 04 2010
Jairo del Agua

Perdona mi atrevimiento Mª Isabel: En tu artículo hay afirmaciones preciosas que comparto plenamente. Pero hay otras que me suscitan muchas dudas. He aquí algunas:

– Hace pasar de la “muerte” a la “vida”: ¿Qué muerte es la que reside en un recién nacido?

– sino que actúa el mismo Dios a través del Espíritu Santo: ¿Entonces en los no bautizados no actúa Dios y no poseen el Espiritu Santo?

– y hace hijos suyos a los bautizados, que renacen como hijos de Dios: ¿Entonces los no bautizados no son hijos de Dios? ¿De quién son hijos?

– tendrá que vivir su propia conversión personal, ya que “el cristiano no nace, sino que se hace”: Vaya por delante que estoy totalmente de acuerdo. ¿Entonces el cristiano no nace en el bautismo sino con la sucesiva conversión, verdad?

– El gran regalo del bautismo requiere respuesta, y la disponibilidad de nuestra libertad para darle un “sí” a Dios, que nos llama a colaborar con Él: ¿Entonces los no cristianos no pueden dar un “sí” a Dios, ni colaborar con Él?

Son sólo algunas preguntas para quien quiera profundizar o por si tú misma nos quieres llevar más lejos. Creo que en este tema, como en otros, tenemos los cristianos una concepción mítica y poco realista. Algo que deberíamos mejorar.

Un saludo afectuoso. Jairo.

20 04 2010
Maribel

Gracias Jairo por leer mi artículo con tanta atención.

Intentaré contestar a algunas de tus preguntas:

No creo que haya muerte (=pecado) en un recien nacido, como tampoco había “muerte” en Jesús cuando quiso ser bautizado por Juan. Su bautismo fue una parábola de su Pasión, muerte y Resurrección, (Descenso al fondo de las aguas de la muerte, y ascenso en la Resurrección). San Pablo ya lo dijo: “Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, para así como Cristo fue resucitado por la gloria del Padre, también nosotros caminemos en nueva vida” , (Rom. 6, 3-4). A esa “muerte” y a esa “vida” es a la que me refería.

Pienso que el Espíritu Santo también puede actuar en los no bautizados. Los apóstoles no se bautizaron y recibieron el Espíritu en Pentecostés…Fue para ellos su bautismo y su confirmación.

Los no bautizados son hijos de Dios, desde luego, pero pueden no desear ser bautizados, ni recibir la fuerza del Espíritu que les empujaría a dar testimonio y a anunciar el mensaje de Jesús. El bautismo es el punto de partida de una “nueva vida” que debe actuar en la dirección de lo que fue la vida de Jesús, por tanto, parece que el que voluntariamente no quiere ser bautizado, no ha dado ese SÏ, ni desea colaborar con Él.

El cristiano “nace” en el bautismo, pero no puede quedarse ahí. Debe ir madurando, actualizando y alimentando su fe, y traducirla en obras. Esa “conversión sucesiva” de la que tú hablas.

Espero haber contestado a alguna de tus incognitas.

¿Puedes darnos alguna idea sobre el bautismo para “desmitificar” esa concepción poco realista que dices tenemos los cristianos ? Te lo agradeceríamos.

Un afectuoso saludo. Maribel

20 04 2010
Jairo del Agua

¡Tiempo al tiempo, Maribel! Tal vez escriba sobre el Bautismo. Me ronda la idea. Por eso me interesó tu artículo.

Como adelanto solo diré que en nuestra religión católica (en otras todavía más) sobrevive mucha concepción mítica, es decir, fantástica, e incluso injusta con otras religiones. Yo prefiero ser más realista sin perder un ápice del valor que nuestros signos tienen para nosotros y sin despreciar a los demás.

Cuando voy por mi tierra me gusta acudir a la Parroquia donde me bautizaron y beso con mucha devoción la monumental pila de piedra que en su sitio permanece. Pero no siento que allí se me perdonó nada. Símplemente allí comenzó un Camino del que estoy enamorado y en el que gozosamente permanezco. Es mi camino.

Eso no significa que me considere más que los demás, ni que pueda despreciar o considerar enpecatados a otros humanos de buena voluntad que caminan otros caminos. Sé -para mí es una evidencia- que Dios acompaña la vida de todos los seres humanos y a todos llama desde su ser profundo. Aunque no todos vistan mi camiseta.

Muchos cariños. Jairo.

29 04 2010
Brian Gray

Aqui hay una pagina donde se encuentra citas de los padres apostolicos en las iglesias primitivas en cuanto el buatismo… http://www.laiglesiaprimitiva.com/bautismo.html

23 05 2010
J. Alas

Excelente articulo, excelentes preguntas y magnificas respuestas, ¿quien es el que mora en su mente y su corazón? – Cristo-Jesùs y su Santo Espiritu.
Por casualidad encontré esta pagina, pues estoy buscando información sobre el bautismo, Dios me prepara para orientar en una reunión pre-bautismal.
Gracias, Dios, por estos medios y especialmente por estas y estos hermanos en Cristo que nos orientan, dales todo tipo de bendiciones pues tu sabes como les necesitamos.
La paz del señor Jesús reine siempre en su corazón, amen.

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