Corazones entre líneas

12 07 2010

Marina Utrilla, ss.cc.

Durante este año he tenido la oportunidad de escribir sobre literatura, unas veces en un tono más personal y otras más técnico, esto último sobre todo cuando ha sido para la facultad; reconozco que me gusta, pero también, que es muy subjetivo, porque no deja de ser mi experiencia de los libros que generalmente yo elijo leer y mi propia idea de la literatura (obviamente no inventada de la nada). Entre estas ideas, una de las principales es que los buenos libros siempre hablan, de una manera u otra, sobre el hombre, y lo hacen desde un enfoque tan universal que al final cada uno es capaz de vivirse con la propia obra, porque nos encontramos a nosotros mismos, a los otros y al mundo.

Dar un salto desde este enfoque hasta llegar a descubrir el amor de Dios entre las páginas de un libro (que en el fondo es el objetivo de este artículo) no estoy segura de si depende del propio lector, de su capacidad de contemplar la realidad –en este caso la ficción- o si en cambio está determinado por el contenido de la obra que leemos; como he dicho, no lo sé, pero sí creo también que algunos personajes nos ayudan más que otros gracias a sus acciones, palabras, comportamiento, sensibilidad, mirada…

Para muestra, un botón, por eso he elegido dos personajes de Galdós de sus últimas obras escritas, ambas muy cercanas al ambiente popular, a las gentes típicas, en las que refleja de una manera realista sus modos de relacionarse, de hablar…de vivir, lo cual puede acercarnos con más facilidad a la humanidad por la que Dios opta y a la que llama a construir su Reino.

Una mujer, La Benina

Respondía al nombre de la señá Benina (de lo cual se infiere que Benigna se llamaba), y era la más callada y humilde de la comunidad

La Señá Benina es la protagonista de Misericordia, una obra que se desarrolla en las calles de la pobreza madrileña, en la estrechez de los comercios, en las puertas de las iglesias, donde pasan su vida multitud de personas que asumen públicamente su situación, rodeados de muchos señores que dan limosna y viven tras unas paredes que defienden su posición social aunque dentro de ellas ya no quede ni para comer. En este contexto encontramos a Benina, criada de la señora Francisca, cuya economía va bajando a marchas forzadas.

Si algo tiene Benina, es cariño a su señora; mendigará a espaldas de ella para conseguir dinero mientras dice que trabaja, negociará con los comerciantes, disimulará con los amigos de la casa…, todo con tal de salvar la situación de la señora y sus hijos, que no acaban de ver que la vida señorial se acabó hace mucho tiempo.

No todas sus acciones, obviamente, son “justas ante la ley”, pero la salva su corazón compasivo, la verdadera misericordia que no le permite permanecer estática, quizás como muchas mujeres que sacan de donde no hay, que ayudan a sus vecinas aunque tampoco tienen, quizás como la viuda del evangelio. Además su comportamiento no dependerá de las gratificaciones que reciba, las cuales serán más bien pocas, sino que continuará fiel a pesar de todas las desdichas que le rodearán: permanecerá porque es fiel a su señora, pero como concreción de la fidelidad a lo que su corazón le indica.

Un hombre, Nazarín

– Si tuviera yo la seguridad, padre Nazarín, de que no me tenía usted por impertinente, yo me permitiría hacerle dos o tres preguntillas.
– Todo lo que usted quiera (…)
– ¿Hablo con un sacerdote católico?
– Sí, señor (…)
– ¿Vive usted exclusivamente de eso?
– Sí, señor.
– Su vida de usted, y no se ofenda, paréceme muy precaria.
– Bastante; pero mi conformidad le quita toda amargura. En absoluto me falta la ambición de bienestar. El día que tengo qué comer, como; y el día que no tengo qué comer, no como.
Dijo esto con tan sencilla ingenuidad, sin ningún dejo de afectación, que nos conmovimos mi amigo y yo…, ¡vaya si nos conmovimos! Pero aún faltaba mucho más que oír.

Este curioso personaje no es otro que Nazarín, protagonista de la obra que lleva su mismo nombre. En la medida en que lo vamos conociendo, a través de las páginas, nos vamos encontrando con un sacerdote bastante “a su estilo”, sencillamente porque en su época de catedrales y rígidos trajes él decide salir a los caminos en busca de los pobres y enfermos de los pueblos.

La consecuencia de este ser tan particular es que la vida se le vuelve mucho más complicada de lo que podría ser, aunque él lo viva con gran conformidad: le roban la comida, le queman la casa, es perseguido por la justicia por proteger a otros… multitud de imprevistos y alguna que otra aventura que le van sucediendo a lo largo de las páginas.

No se apega demasiado a nadie, de hecho, parece a veces no gustarle que otros vayan con él, por eso siempre hace hincapié en separar a Dios, a quien hay que servir, de él mismo, que sólo intenta vivir el evangelio, pero esta idea será difícil de asumir por dos mujeres que lo siguen casi a todas partes por haberles salvado la vida, a las que irá tratando progresivamente con una gran ternura.

Nazarín nos habla de radicalidad, de búsqueda constante del verdadero evangelio, de apertura a nuevos esquemas por descubrir, de no tener miedo a la realidad, de contemplar el mundo y escuchar dónde se nos pide que estemos.

Muchos desapercibidos, los secundarios

Tanto Benina como Nazarín son protagonistas casi exclusivos de sus obras, personalidades fuertes ampliamente desarrolladas en las que resulta casi inmediato entrar en sus vidas y en sus pensamientos; de hecho, a veces de los libros se nos olvida el argumento, pero nos queda como recuerdo la personalidad del personaje principal. Mirando esto pienso cuántos personajes hay que se olvidan incluso mientras estamos leyendo (momento en el que aparece alguno y pensamos “¿quién era este?”), pero que son fundamentales para que la historia funcione. Un ejemplo muy claro de esto lo encontramos en La Regenta, donde son más de cien los personajes secundarios que configuran la novela, cuya función, aunque se olviden sus nombres y lo que hacían, es que el universo literario quede construido de manera perfecta, inolvidable.

Quizás la construcción del Reino de Dios es un poco así, llena de multitud de personajes secundarios a simple vista insignificantes y muy probablemente destinados al olvido, pero sin la presencia de los cuales la obra es imposible, porque cada uno tiene una acción que realizar, aquella que le ha encomendado el Autor, el que les puso el nombre y que será el que no se olvide de quién es cada uno de ellos.

(Fuente: blog ‘Corazones en red’, 7/07/2010)

(Foto de Oscar MG, tomada de esta web)

Anuncios

Acciones

Information

2 responses

12 07 2010
WILSON

dejo mi corazon EN DIOS PADRE CELESTIAL PARA QUE EL SEA QUIEN OBRE EN MI Y ME LLENE DE BENDICIONES COMO LO PROMETIO ASI COMO A MI FAMILIA, EXITOS EN ESE LIBRO QUE DIOS LO BENDIGA

28 07 2010
Lau

Me ha encantado tu articulo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: