Los menores de edad: blanco fácil del crimen organizado

27 08 2010

Lilián Carapia Cruz*

En días pasados escuchaba el testimonio de un sacerdote que presta sus servicios pastorales en una de las comunidades más peligrosas de México. Él comentaba que, en aquellas tierras, los narcotraficantes se llevan a los jovencitos, desde su más temprana adolescencia, con la finalidad de «formarlos» como sicarios. Este «empleo» va tomando auge; se gana mucho dinero por «un trabajo tan fácil como lo es el matar». Lo peor es que se va haciendo cultura, pues hay una «cancioncita» que ya repiten muchos jóvenes: «Yo lo veo bien. A mí sí me gustaría ser sicario porque es mejor vivir unos diez años como león que treinta como oveja». Y no podemos ignorar que una de las principales causas de esta mentalidad es el olvido de los verdaderos valores en el núcleo familiar: amor por la unidad, por las personas, por el trabajo y por una vida honesta.

Los menores: un blanco fácil

Lamentablemente los menores de edad son uno de los principales «blancos» para los criminales, dada la ingenuidad y la vulnerabilidad propias de su etapa. En México, el Centro Nacional de Planeación, Análisis e Información para el Combate a la Delincuencia (CENAPI), de la PGR, reveló que desde que dio inició la así denominada «guerra contra el crimen organizado», al menos 821 menores entre nueve y 17 años han muerto en tiroteos, al participar directamente en enfrentamientos entre grupos del crimen organizado. Estos pequeños habían sido utilizados antes de su muerte como sicarios, mercancía sexual, servidumbre, distribuidores de droga, vigías, inspectores, reclutadores de datos, «burros» que pasaban droga o «polleritos» que conducían a migrantes a los Estados Unidos. Buena parte de ellos fueron comprados por los criminales en los centros «correccionales» de menores con el argumento de que los integrarían en lugares donde pudieran superarse. Y así, aquellos inocentes fueron utilizados y culminaron una existencia trágica con una muerte trágica.

¿Por qué a los mexicanos?

Este mal no se da sólo en México, ni comenzó allá, pero alcanzó a este país como el cáncer que invade y pudre los ambientes. Ha crecido desmesuradamente allí porque encontró un eficaz «caldo de cultivo» en la maraña de males que padecen los mexicanos: la deshonestidad de la clase política; la falta de un nivel cultural que ayude al pueblo a promover integralmente a los individuos conforme a los verdaderos valores de la verdad y la justicia; el desempleo y la pobreza que padecen millones; la corrupción en prácticamente todas las instituciones; la falta de oportunidades para miles de jóvenes que no tienen acceso a la educación o que, habiendo estudiado una carrera universitaria, no encuentran después un empleo acorde a sus esfuerzos… Y los golpes contundentes que viene sufriendo universalmente la institución familiar, con la concesión de falsos derechos ‒«matrimonio» gay con adopción de niños; eutanasia; aborto…‒ que se promueven porque detrás hay jugosos intereses económicos, no el bien de las personas, absolutamente.

Se trata de «nuestros» menores

En una sociedad que se ha descompuesto a tal grado, todos estamos obligados a mantenernos despiertos para proteger a las generaciones más jóvenes. Todos somos responsables porque se trata de nuestros niños y nuestros jóvenes, que son personas a quienes Dios dio la vida y la más alta dignidad. Siempre será fundamental y determinante la labor de los padres en un primer lugar, pero allá donde ellos no cumplan con su papel, la vida no nos perdonará a los demás quedarnos «cruzados de brazos», viendo cómo son corrompidos nuestros menores.

* Lilián Carapia Cruz es licenciada en Filosofía y religiosa del Instituto de Hermanas Misioneras Servidoras de la Palabra, en México. Lee otros artículos suyos en FAST

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2 responses

27 08 2010
Blanca Estela Ruvalcaba Bayona

El artículo, acerca de los niños y jóvenes que son reclutados en mi estado es una terrible realidad. Vivo en uno de los estados de la republica mexicana, que prefiero omitir cual es, pero que por desgracia esto se está dando, principalmente en la región rural y serrana. Pero es además algo ante lo que se está cerrando los ojos y no se enfrenta.

Yo trabajo con el programa de escuela de padres, porque creo que en la familia están las soluciones de muchos de nuestros problemas actuales. Gracias por todos los artículos que ustedes sacan, porque a mí me enriquecen mucho y los comparto con la gente que trabajo. Que Dios los siga bendiciendo.

30 12 2013
Lorena Escalona

Dios, el universo, o el creador de todo lo que es, una sola palabra lo define amor, amor a lo que vive, y necesita de nuestros cuidados. Coincido contigo Lili cuidemos de los niños y adolescentes que necesitan tanta atencion, comprension y proteccion.

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