La vuelta al cole… ¿en cuántos días?

22 10 2010

Marina Utrilla*

Esto es sólo una reflexión de mis últimas semanas, ajetreadas y entre tiendas, que han hecho surgir este título y me han animado, de paso, a escribir el contenido. Estamos a mitad de octubre, pero parece más bien, mitad de septiembre; entro en varias librerías donde el mayor orden lo encuentro en los renglones de los libros que ojeo y en la cola que, increíblemente, llega hasta la calle. Un padre pide un libro de inglés, el de actividades, cuyo título ya le cuesta pronunciar, pero está agotado: ¿Me lo podría pedir? No, es que ya no quedan ejemplares en la editorial. Se queda sin saber qué decir, así que le cuenta que su hija lleva semanas sin el libro, que la profesora se lo exige pero que no le vale el de su hermana de hace dos años porque ha cambiado. Está enfadado, no sé si con la tienda, la editorial, la profesora o el colegio; el otro escucha y asiente con cara de “comprendo” mientras coge el teléfono, tampoco tiene respuesta, habrá que esperar.

El padre se va igual que vino, y yo sigo intentando buscar con cuidado para no tirar nada dentro del tetris en el que me he metido, y pienso en la niña, pasándoselo bien compartiendo el libro con un compañero después de la llamada de atención de la profesora, o a lo mejor prefiere tener el suyo, no sé, cada niño es un mundo.

Y luego me digo ¡un mes!, un mes preparando y ultimando todos los detalles para el colegio… y deseo que ojalá para todo nos dispusiésemos tanto: buscáramos, pidiésemos, esperáramos… (porque el que pide, recibe, el que busca, encuentra, cuando se espera, llega…). Quizás con esas actitudes nuestro curso empezaría mejor en lo interior y en lo exterior, porque cada año es distinto, y a lo mejor nos hace falta hacernos la lista de las “asignaturas” de vida de las que nos tenemos que “matricular” y ver qué “material escolar” necesitamos para poder llevarlas a cabo; puede que nuestro lápiz esté tan pequeño que no lo podemos coger, que la mina del compás se haya acabado o que nuestra regla haga líneas extrañas en vez de rectas, quizás ya no nos vale lo que llevamos usando años. Tampoco estamos solos haciendo esta “lista”, siempre hay compañeros que nos preceden y nos acompañan (como su nombre indica), que nos dejan los libros, aunque estén un poco usados, que nos aconsejan y, sobre todo, que nos animan a vivir intensamente todo el “periodo lectivo”.

Me vuelvo a clase sin haber gastado nada, porque mis libros también estaban agotados… Escucho cerca, sin saber muy bien dónde, a niños en un recreo; firmaría que éstos gritan igual a los de hace dos ediciones.

* Marina Utrilla es religiosa de los Sagrados Corazones. Lee otros artículos suyos en FAST

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