Cristianos y el 15-M

18 05 2011

José Antonio Rodríguez Conde*

Cuando nos encontrábamos en el sopor de unas elecciones en las que muchos no saben realmente qué se juegan, porque tienen la sensación de que las políticas socioeconómicas importantes ya están tomadas, ya están dictadas, en las que (al menos en los grandes partidos nacionales o nacionalistas) no se ven propuestas diferenciadas en relación a la reforma laboral, los rescates a grandes bancos y multinacionales, la restricción de derechos a los inmigrantes, la fiscalidad de las grandes fortunas, las tímidas apuestas por la educación y sanidad públicas, la nula política hacia los jóvenes, la lucha contra la corrupción… Cuando todo esto ocurría y nos disponíamos a enterarnos de los resultados como quien ve una vez más “Verano azul”, entonces los jóvenes, los inmigrantes, los desempleados, tomaron las plazas de las grandes ciudades y gritaron “¡Democracia real ya!”. Y ahí siguen en Sol, dispuestos a dar la tabarra hasta el 22-M por lo menos, porque están cansados de esta política tan alejada de los ciudadanos y sus problemas reales, especialmente en tiempos de crisis económica.

Sin saber en qué desembocará esta protesta (que va más allá de las próximas elecciones municipales y regionales), hay algunos puntos que merecen destacarse por lo que significa en cuanto a qué tipo de protesta se hace, qué y cómo se defiende, qué valores ocupan el centro de las reivindicaciones. Y hay algunos elementos esperanzadores: es una movilización integradora de gentes de diversas edades, nacionalidades, situación socioeconómica, ideologías, creencias religiosas… (es una movilización ecuménica, derribando muros de separación, por la Sangre de las cruces que cargan juntos (Ef 2, 11-19); se ha insistido en que la violencia no tiene cabida en esta movilización (no son ciudadanos antisistema violentos, sino ciudadanos indignados pacíficamente movilizados, que es otra cosa) sino que La paz esté con vosotros (Jn 20, 19) es un eslogan que encaja bien con la conducta de estos ciudadanos; se ha pedido la ausencia de alcohol, porque esto no es un botellón sino una encuentro para hacer un mundo nuevo (Ap 21, 5). Pero especialmente es una movilización solidaria con los excluidos de esta sociedad: trabajadores en situación precaria, desempleados, jubilados con pensiones congeladas, inmigrantes, jóvenes y familias con futuro incierto, es decir, los favoritos de Dios, a los que Jesús vino a liberar (Lc 4, 16-21). Podemos decir que tiene elementos propiamente evangélicos.

Y la Iglesia, ¿qué dice? La Conferencia Episcopal, nada. Estarán ocupados con las JMJ… (por cierto, los organizadores de las JMJ ¿están haciendo hueco a estos jóvenes indignados o sólo se ocupan de los otros, los “dignados”?). Pero sabemos que la Comisión de Inmigración ya ha hecho varios pronunciamientos, Cáritas ha emitido varios informes y la CONFER se encuentra profundizando en su voto de pobreza en una España en la que una parte importante vive en situación de exclusión. Sabemos que a través de acciones concretas mantienen un compromiso de fidelidad al Jesús de los pobres y de las comunidades que ponen todo en común (Hch 2, 44-47), a menudo en lo anónimo e invisible. Y además, sabemos que varios cristianos y parroquias organizadas tuvieron una presencia real y efectiva, incluso en la parte de animación, en la denuncia en la calle, siendo sal y luz (Mt 5, 13-16) en medio de lo que se está cociendo.

En este sentido, la pregunta más importante para esta movilización no es acerca de la ideología de este movimiento o cómo se comunican y organizan, siendo todo esto importante. Lo que quizá marque la diferencia entre el ser significativos o una moda pasajera es: el grado de resistencia y de fidelidad a aquello que ha sido matriz del movimiento, la solidaridad con los empobrecidos de la crisis. Si se mantienen ahí, da igual cuántos policías vengan o qué digan los medios de comunicación de masas, porque a esos ya los conocemos y no es que nos inspiren demasiada confianza sus versiones oficiales o publicadas; ya sabemos para quién trabajan. Si se mantienen ahí, la voz de los pobres se mantiene ahí con ellos, gritando en los crucificados y exhalando su espíritu (Mt 27, 50), dando aliento; una voz que no descansa hasta alcanzar la resurrección, la nueva Vida para todos, vida en abundancia (Jn 10, 10). Mantenerse con esa voz al lado, en vela, es mantenerse en un proyecto vital, personal y comunitario, de configurar la acción, las relaciones con los demás, la propia vida y la propia identidad en torno a un proyecto solidario con los otros y a una vocación (escuchar la voz) al amor. Sólo el amor transformará de verdad esta sociedad.

* José Antonio Rodríguez Conde es seminarista de los Misioneros de la Preciosa Sangre. Lee otros artículos suyos en FAST

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2 responses

19 05 2011
Cristianos y el 15-M « Parroquia de la Preciosa Sangre de Orcasitas, Madrid

[…] Artículo de José Antonio Rodríguez publicado en Revista FAST. […]

21 05 2011
ma.lourdes e.coronado peraza

La Iglesia debe de estar màs atenta a los jòvenes, luego se queja de que los jòvenes no ponen un pie en los templos no se interesan por Dios.

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