Ya es hora de despertar del sueño…

1 06 2011

Vicente Gutiérrez*

Con el ruido del monzón de fondo me asomo, con curiosidad, a la tierra que tanto posee de mí y que ahora trae ecos de “revolución”. La primera sorpresa que me llevo es que nada tiene que ver ni con el fútbol ni con la glorificada selección. Trato de enterarme, como puedo, leyendo noticias, artículos de opinión y viendo algún video en youtube. Pronto llegan emails, cruzando medio mundo, y trayendo más información que asimilar.

Mucho se ha dicho, la verdad; y es que en este mundo tan relativo cabe todo tipo de posturas al respecto. Yo no quiero entrar en ese juego, para no dar más vueltas a una perdiz que ya está bien mareada. Sólo quiero compartir un descubrimiento personal que me ha despertado una gran preocupación.

Entre el gran aluvión de información que me llegó en los días sucesivos hubo un email, de una buena amiga, donde aparecía una lista con las reivindicaciones que este grupo de personas, autocalificado como “indignados”, presentaban. Y se podría decir que lo que se pide no es nada extraño, y su hubiese algo extraño en esa lista, sería el que se tuviese que pedir cosas tan elementales y que tendrían que venir “de serie” con el Estado de Derecho que nos pretenden vender.

Porque una cosa, y aquí tenemos que ser sinceros, es decir que “las cosas están muy mal”, y otra muy distinta, y aquí viene lo triste, es poner nombre y apellidos a esas cosas que van tan mal. Educación, vivienda, Seguridad Social, libertad de expresión…, me quedé asustado con la cantidad de derechos que hemos renunciado a cambio, ¿de qué? ¿Qué es lo que hemos recibo por prescindir de cosas tan elementales como acceder a una vivienda digna, recibir una educación de calidad, proteger los derechos laborables, etc. etc.? No sé en qué momento nos quedamos dormidos y empezaron a robarnos nuestros derechos mientras nos susurraban la misma nana: “No te preocupes, sigue durmiendo, nosotros ya decidimos por ti”. O como dicen los Celtas Cortos: “Tranquilo majete en tu sillón”.

Ahora la cuestión es, ¿estamos despiertos ya? Pues en mi humilde opinión diría que la mayoría no, que seguirán apoltronados, dejando que otros piensen y decidan por ellos, pero que de vez en cuando soltarán un: “¡Qué mal van las cosas!”, y ante cualquier atisbo de ponerse en pie se autosugestionarán diciendo: “Tampoco se puede hacer nada”. Mientras, los titiriteros se frotan las manos viendo felices lo bien que sus muñequitos han aprendido la cantinela.

Hablar de “revolución” (o como se conoce más, en su versión anglosajona, “spanish revolution”) me parece exagerado, cuando el nivel de implicación de la población es tan escaso. ¿Se podría hablar de un despertar, de una chispa, de un comienzo? Creo que eso el tiempo lo dirá, pero al menos hay un atisbo de esperanza en que podemos cambiar el mundo y no sólo quejarnos de lo mal que van las cosas.

* Vicente Gutiérrez es sacerdote español, misionero del IEME en Tailandia. Lee otros artículos suyos en FAST

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