Jóvenes que buscan algo más que doctrinas

3 12 2011

Juan Rubio*

Se sucederán en estos días, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada, las vigilias de jóvenes. Ya es algo tradicional en pequeñas parroquias y en grandes catedrales. ¡Una ocasión para estar con los jóvenes, para hablar de ellos y para hablar con ellos! No sé si vale de algo tanto llevar y traer a los jóvenes de excursión, pero bueno, no está mal que, al menos una vez al año, los chicos y chicas estén presentes más allá de nuestras oraciones y sin olvidar que hay muchos más que, como dice el Evangelio, “no son de este redil y a esos también hay que invitarlos y proponerles”.

Los jóvenes ocupan y preocupan a sus pastores. Jóvenes, o mejor dicho, adolescentes, la mayoría de los que acuden, porque mirándolo bien, cada vez estos eventos se llenan de adolescentes más que de jóvenes. Se les hablará mucho, aunque se les debiera escuchar más. Ya lo decía san Agustín: “Hay que hablarles menos de Dios y más a Dios sobre ellos”. Ofrecerles simplemente doctrinas, y algunas bien alejadas, conduce a poco.

Grima da escuchar algunas cosas que se dicen en retiros y convivencias creando una masa juvenil guerrera. Tengo un manojo de anécdotas que, de contarlas, les haría saltar del butacón en donde amablemente, tal vez, lean esta crónica. Y esto de impartir doctrina y subirnos a la piedra del campamento con el silbato en la boca se nos da muy bien…

Pero las cosas han cambiado y no son como cuando éramos jóvenes y, con una guitarra, una camiseta de Camilo Torres y unos versos de Neruda, solucionábamos un campamento de verano. No, no, no. La cosa es muy, pero que muy distinta, y los focos de interés de los jóvenes están mucho más lejos de donde creemos. Los juzgamos desde nuestra nostálgica juventud, y así nos va.

En la pasada Asamblea Plenaria estuvieron en el centro de su interés. Hablaron de ellos, recordaron los días felices del verano de la JMJ, trajeron al hemiciclo la alegría de los Días en las Diócesis y todo eran palabras y parabienes y un plan pastoral en lontananza. No sé cómo habrán participado los jóvenes en ese plan. Dudo que se les haya preguntado, a no ser que hayan rellenado algún formulario un manojo de jóvenes muy marcados y muy en la órbita de lo que se quiere decir. Se ha propuesto un gran congreso y se les ha dicho que se les quiere.

Mientras tanto, los jóvenes siguen sin entender nuestro lenguaje y propuestas, realizadas al margen de ellos, y muchos han entrado en una espantosa vorágine religiosa militante que da miedo pensar en cómo acabará. En España todo lo arreglamos con congresos, pero eso sí, si son organizados por nosotros. Lo contrario no vale. Cuando venga el Señor en su Gloria no nos va a encontrar unidos, sino reunidos en algún congreso.

Habrá que analizar el lenguaje apocalíptico que usamos, las acusaciones larvadas que cada día hacemos de los jóvenes como nihilistas, relativistas, hedonistas y malvados a los que hay que redimir. Hora es de que se les reconozca su nervio juvenil y su mirada limpia y que los dejemos de tanta acusación para, simplemente, acompañarlos serenamente en el camino de la vida. No sé qué pensarán de sus hijos muchos padres que solo escuchan de la Iglesia una radiografía tan tétrica que les llevará a decir: “¿Pero realmente mis hijos son tan malos y están tan vacíos?”.

(Fuente: revista Vida Nueva nº 2779, 02/12/2011)

* Juan Rubio es sacerdote y director de la revista Vida Nueva

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2 responses

3 12 2011
María J. Martínez

Creo que menos tratarlos como manada, y más uno a uno. Cada joven tiene un mundo dentro que aunque influído por todo lo que les rodea, suelen coincidir bastante, pero es único… ¡¡Me gustaría saber cuantos jóvenes se sienten acompañados en su crecimiento como personas y como cristianos!! Creo que deberíamos dedicar mas tiempo a un acompañamiento serio, sistemático además de que se sientan queridos y no “valorados” porque asisten a encuentros, convivencias etc…

3 12 2011
Edit

Que muro más valioso!!!.
Tengo una hija de 15 y me hace preguntas tan medulares, que me descoloca a cada rato.
Elevando los ojos al Cielo, implorando iluminación a Dios en silencio, me queda tratar de contestar sus interrogantes desde mi vivencias personales con Dios. Y mientras le voy hablando aparecen a veces pasajes bíblicos que le comento…
Cuando me pregunta de donde saqué eso, le digo: de La Palabra…
Nosotros eramos más mansos a la hora de creer… ellos necesitan la vivencia fuerte, sentir el Espíritu poderosamente…
Gracias por su reflexión, y por compartirla.

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