Primeras ¿y últimas? comuniones…

8 05 2014

María Isabel Montiel*

comuniones-fanoSe acerca la tradicional época de las “primeras comuniones”, y los niños y sus familias ya están nerviosos con los preparativos (trajes, banquete, fotos, regalos…). Y yo me pregunto: ¿en esa inquietud entrará también el pensar lo que realmente significa recibir a Jesús?

Muchos padres se preocupan de que sus hijos crezcan en la fe y procuran que vivan un ambiente cristiano, dándoles su testimonio personal, orando juntos, y asistiendo con ellos a la Eucaristía. Por eso piden que reciban este sacramento. Hay otras familias que no tienen esa vivencia de fe y, aun así, quieren que sus hijos hagan la “primera comunión”. No sé si por tradición, por imperativo social, o porque realmente desean para sus hijos algo mejor y más profundo de lo que ellos mismos están viviendo ahora.

A la Iglesia, y en particular a las parroquias y a los catequistas, nos preocupa que esa “primera comunión” de algunos niños se convierta en la última, si los padres no hacen nada por continuar con su formación cristiana, ni en casa, ni llevándoles a catequesis. Como tampoco les acompañarán a la Eucaristía del domingo. Ya han cumplido con el trámite previsto, y se acabó. Ahora, a dedicarse a otra actividades… Flaco favor hacen a sus hijos actuando así, porque se van a quedar en ”primaria” en lo que se refiere a su formación y crecimiento en la fe, y nunca llegarán, no ya a la universidad, ni siquiera a “1º de la ESO”, en la parcela más importante de su vida.

Las Diócesis se preguntan si no será contraproducente administrar sacramentos a personas que no lo sienten, ni parecen comprometerse a vivir cristianamente. Pero, por otro lado, no se quiere negar a nadie un sacramento, ya que al recibirlo, se le comunica la verdad cristiana, que responde a las necesidades más profundas del ser humano, y quién sabe si Dios les cambiará el corazón con la gracia que reciben. En el caso de las comuniones, conozco algunos padres que, aunque creyentes, eran poco practicantes y ahora acompañan a sus hijos a la Eucaristía. El Señor puede salir a su encuentro valiéndose de los niños.

¡Qué gran dilema! Quizás algo habría que hacer para no “regalar” un sacramento, sólo porque la ceremonia es bonita, o porque todos lo celebran. Un poco más de exigencia no vendrían mal…

Los catequistas intentamos que los niños maduren en la fe y puedan participar de modo consciente en la gran “banquete” al que Jesús les invita. Enseñarles que Jesús es su mejor amigo, les quiere, y les ayuda a no pensar tanto en ellos mismos, sino a preocuparse de los que necesitan ayuda, igual que Él lo hizo. Si todo esto se refuerza en la familia, y los propios padres participan de ello, será mucho más fácil que sus hijos entiendan y vivan la grandeza de recibir a Jesús.

El catequista enseña el mensaje de Jesús y sobre todo, intenta hacerlo vida y dar testimonio. Como decía Sta. Teresita de Lisieux, la vida cristiana consiste en “amarlo y hacerlo amar…”. Esa debe ser la tarea de todo catequista: encontrarse personalmente con Jesús y ser instrumento para que otros lo encuentren.

¡Felices Primeras Comuniones!

* María Isabel Montiel es madre de familia, maestra y catequista

Anuncios

Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: