El sacramento de la alegría (II): el regocijo de sus brazos

18 06 2011

Jairo del Agua*

Dicen los letrados que este sacramento se instituyó con las palabras: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos” (Jn 20,23). No lo puedo entender como la concesión de un poder y, mucho menos, de una potestad para retener pecados, contraria al Dios Misericordia revelado por Cristo. En ese pasaje oigo un envío urgente a ayudar. De hecho viene justo después: “Como el Padre me ha enviado, así os envío yo a vosotros” (Jn 20,21).

El poder de la Iglesia, como el del sol, no es otro que iluminar y calentar. Por más que interpretaciones literales e interesadas hayan querido defender la prepotencia de una institución emanada del Amor. Quizás una bien intencionada “misión de salvar” se confundió con el poder absoluto de las organizaciones políticas circundantes. ¿Podría entenderse un supuesto poder del sol para hundir en la oscuridad a determinados seres humanos? ¡Eso es una interpretación “contra natura”! Lee el resto de esta entrada »

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¿Conoces al Espíritu Santo?

15 06 2011

María Isabel Montiel*

En la proximidad de la fiesta de Pentecostés me pregunto, como tantas veces, ¿por qué me cuesta entender la figura del Espíritu Santo? Al Dios Padre (o Madre), y sobre todo, al Dios Hijo, aunque sean algo misteriosos, puedo intuirlos, casi tocarlos con los sentidos, pero el Espíritu Santo es para mí un enigma.

Así como el Padre y el Hijo tienen rostro, al Espíritu nos lo presentan siempre con símbolos: viento, soplo, fuego, paloma, don… Es Alguien de quien se habla, no a quien uno se dirige, y con quién no podemos estar frente a frente.

Dicho esto, y en mi afán de conocer algo más sobre la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, he leído y consultado algunos textos, que entre otras cosas me han hecho comprender que al Espíritu no lo vamos a encontrar frente a frente, sino dentro de nosotros.  Y que lo propio del Espíritu no es hablar por sí mismo, sino hacer hablar a los hombres según el pensamiento del Padre y el Hijo. Lee el resto de esta entrada »





¡Mi hijo ya es sacerdote!

23 05 2011

María Isabel Montiel*

Hace varios domingos, concretamente en el segundo de Cuaresma, escuchábamos cómo Dios hablaba a Abrahán: “Sal de la tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré”.

Recuerdo lo que sentí hace unos años cuando oí esta misma lectura, poco después de que mi hijo pequeño (con 19 años), me dijera que quería irse al seminario. Parecía que estaba puesta para que yo entendiera que Dios le llamaba también a él.

La noticia no me cayó muy bien porque estábamos atravesando una difícil situación familiar, y su marcha suponía una tristeza más. Y no es que no me gustara su elección, pues siempre dije que no me importaría que uno de mis hijos fuera sacerdote, pero en ese momento no quería separarme de él, y me parecía que se iba demasiado pronto de casa. Aún así, le pedí que no se fijara en mis lágrimas e hiciera lo que creía debía hacer. La separación fue dura, pero di gracias a Dios por el regalo que nos hacía al llamarle al sacerdocio. Lee el resto de esta entrada »





Que los hijos aprendan a optar por «la Voluntad de Dios»

5 04 2011

Lilián Carapia Cruz*

Nadie ama lo que no conoce, y no es posible optar por la voluntad de Dios sin amarla primero. Sin embargo, los hombres y mujeres de hoy tenemos una enorme necesidad de «optar por  la voluntad de Dios», y la prueba de ello es el dolor que existe en el mundo. Enredándose en un falso razonamiento, muchos preguntan por qué, si Dios es bueno, existe ese dolor, como si tal fuera la «su Voluntad». Lo que hay que preguntarse es por qué, si Dios es bueno, muchos se niegan a optar por «su Voluntad», provocándose así, para sí mismos y para otros, ese dolor. Lee el resto de esta entrada »





El sacramento de la alegría (I): el gozo de volver a casa

28 03 2011

Jairo del Agua*

¿Por qué los católicos de hoy se confiesan poco o nada? Es incompleto responder que se ha perdido religiosidad y fervor. En mi opinión queda muchísima gente auténtica, que se siente Iglesia y que tiene verdadera “determinación de progresar”, pero a la que la rutina y las formas caducas le hacen daño. Se hace necesario profundizar y recuperar el origen, la autenticidad del Evangelio.

Los católicos sabemos que este sacramento es fuente de vida y fue instituido por Cristo. Pero sabemos igualmente que “las formas” han sido establecidas por la Jerarquía conforme a las luces y circunstancias de cada época. Tales formas, por tanto, pueden cambiarse. La práctica actual se centra en la “confesión de boca” y el “cumplimiento de la penitencia”. Las denominaciones empleadas lo confirman: confesión, confesarse, sacramento de la penitencia. Lee el resto de esta entrada »





El anhelo, el deseo y el rostro de Dios

27 02 2011

Ronald Rolheiser*

“Como anhela la cierva corrientes de agua,
así mi alma te anhela a ti, oh Dios”.
“Mi alma vela por ti durante la noche”.

Todos hemos oído estas frases, las hemos hecho oración, y en nuestros momentos de reflexión más profunda intentamos sentirlas de verdad; pero, generalmente, nuestros corazones han desmentido esas palabras. No hemos anhelado a Dios realmente, con auténtica intensidad; al menos no en nuestros pensamientos y sentimientos más conscientes; y por la noche, estando en cama, nuestras almas están generalmente velando por alguien diferente de Dios. Pero no tenemos que disculparnos por esto. Lee el resto de esta entrada »





¿Si Dios quiere?

17 01 2011

María Isabel Montiel*

¿Cuántas veces habremos oído, o pronunciado inconscientemente frases como éstas: “Estaba de Dios”, “Quiera Dios que…”, “Si Dios quiere”, “Nos lo envía Dios”, “Dios sabrá por qué lo hace”. Y yo me pregunto si esas frases hechas tienen un fondo de verdad, o esperamos de Dios y le atribuimos cosas en las que no interviene.

Consideramos que ha salvado a un familiar nuestro de un accidente, en el que han muerto otras personas, y decimos que “estaba de Dios”. Porque, no va a ser que eran menos queridos por Él los que han  fallecido… O nos atrevemos a echarle en cara a Dios, que permita la muerte de  niños o personas inocentes, y el que ocurran catástrofes naturales. ¿Vamos a afirmar en estos casos que “Dios sabrá por qué lo hace”, o que, “Dios nos lo envía”? Lee el resto de esta entrada »