Juan Orellana
Paco Arango, creador de las series ¡Ala…Dina! y El inquilino, afronta su primer largo con una historia escrita por él. Manolo (Diego Peretti) es un argentino de mediana edad casado con Beatriz (Aitana Sánchez-Gijón). La relación se desmorona y sus hijos sufren las consecuencias. Un día Manolo conoce a Antonio (Andoni Hernández), un niño canario enfermo de cáncer y que vive con su madre soltera (Goya Toledo). Será el comienzo de un cambio decisivo en la vida de Manolo y de los suyos.
Maktub —que en árabe significa está escrito— es el nombre de un libro de Paulo Coelho, con artículos publicados en la Folha de Sao Paulo, en los noventa. Es un libro de experiencias y consejos espirituales, en su línea habitual new age. Es probable que este autor haya influido mucho en Paco Arango, no sólo por el título, sino también por la importancia que en el film tiene la novela de Coelho El alquimista. Aunque el título puede evocar cierto fatalismo determinista, de lo que realmente habla Maktub es de la providencia divina, de la intervención de Dios en la vida de las personas bajo la apariencia de casualidad. La cinta apuesta por un sentido finalista de la vida, por la existencia de un destino bueno para cada ser humano en medio de sus circunstancias, por dolorosas que sean. Éste es probablemente el tema central de la película, pero hay más ideas que se van enredando a lo largo de la trama. Leer el resto de esta entrada »

En nuestros momentos de mayor reflexión sentimos la importancia de la oración; sin embargo, tenemos que luchar para orar. No nos resulta nada fácil una oración sostenida y profunda. ¿Por qué?
En nuestra oración del Credo, afirmamos creer en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Evidentemente, sentimos a Dios como un padre que nos ama incondicionalmente, aunque nosotros fuéramos indignos de ser amados. Y a la vez, esperamos que con su omnipotencia, elimine el mal y resuelva todos los problemas del mundo.
Se sucederán en estos días, coincidiendo con la fiesta de la Inmaculada, las vigilias de jóvenes. Ya es algo tradicional en pequeñas parroquias y en grandes catedrales. ¡Una ocasión para estar con los jóvenes, para hablar de ellos y para hablar con ellos! No sé si vale de algo tanto llevar y traer a los jóvenes de excursión, pero bueno, no está mal que, al menos una vez al año, los chicos y chicas estén presentes más allá de nuestras oraciones y sin olvidar que hay muchos más que, como dice el Evangelio, “no son de este redil y a esos también hay que invitarlos y proponerles”.







































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